Hay ciertos aspectos de la naturaleza humana que la IA no es capaz de suplantar.

Ahora que inicia el año, aprovechamos el momento para tocar un asunto de tecnologías digitales que durante los doce meses por venir seguro estará en primera línea. El título ya delató de qué se trata; ya quedó claro que no se trata del metaverso (aunque asomará aquí adelante).

Lo que aquí interesa es exponer una posición: la inteligencia artificial (IA) es una creación de otra inteligencia, la humana, que necesariamente es superior. Por supuesto, se trata de un recurso con un potencial inmenso y con un alcance imposible de medir. Darle aplicación desencadenará cambios importantes, algunos además espectaculares. Pero de un modo u otro, se trata de una creación humana y estará subordinada a la creatividad y el espíritu de las personas.

Primero un ejemplo

Consideremos esta frase, en un artículo publicado en Forbes México pocas semanas atrás: “El futuro para países como México en esta nueva era tecnológica promete grandes desarrollos y avances que permitirán a nuestro país ser más competitivo en muchas áreas.”

Como se comenta en el artículo en cuestión, esa frase en particular la escribió GPT-3, una aplicación de IA capaz de producir textos con la longitud que el usuario establezca a partir de unas instrucciones básicas sobre el tema y el tono deseados. La herramienta “peina” un repositorio inmenso de textos de diversas fuentes y de esos fragmentos extrae la comprensión necesaria de lo que las palabras pueden significar y con esa comprensión satisface el encargo.

Cinco atributos superiores

Hay ciertos aspectos de la naturaleza humana que la IA no es capaz de suplantar. Son atributos de lo que llamamos consciencia, la capacidad de reconocer la realidad que nos rodea, de percibirnos nosotros mismos y de reflexionar e interactuar en consecuencia. Estos atributos, esenciales para entender nuestra evolución como especie, son a tal punto únicos que por lo común se les atribuye una procedencia divina: imaginación, intuición, fe, coraje y acción. Importa decir en qué consisten, para apreciar su valor, más que debatir de dónde surgen.

La imaginación nos deja conectar puntos que a primera vista se nos presentan inconexos. Al descubrir lo que los relaciona, con la imaginación conseguimos crear una nueva interrelación de recursos y factores que después podemos convertir en realidades tangibles.

La intuición nos permite concebir posibilidades y tomar decisiones aun cuando no tenemos una comprensión intelectual detallada de tal o cual situación.

La fe nos proporciona un piso fijo, sobre el cual nuestro ánimo puede mantenerse firme en lugar de caer en la desesperación si nos topamos con un obstáculo.

El coraje nos aporta la fortaleza para persistir en los propósitos que estemos persiguiendo, aun cuando la manera como percibimos una cierta situación parezca desfavorable.

La acción, por último, es la dosis de energía que nos lleva a poner las manos a la obra, a salir del espacio de lo que puede ocurrir y encaminarnos hacia el espacio de los hechos consumados.

Por delante, tenemos entonces la tarea de aprender a aprovechar este nuevo recurso digital. El reto depende de combinar nuestros atributos superiores con las capacidades aumentadas que la IA nos entrega. La intención final, en todo caso, permanece igual, tener un mundo más humano, con experiencias más enriquecedoras para cada quien.

dnx metaverso

IA en manos mexicanas

Para nuestro país se presentan posibilidades de amplio alcance. Hay talento en desarrollo, entre las nuevas generaciones. Se les da la oportunidad de usar el recurso de la IA demostrando su creatividad, capacidades y conocimientos. Les toca explorar nuevos caminos en términos de negocio, de productividad y de experiencias de usuario.

En este momento, la noción del metaverso es más que nada una nebulosa, o tal vez más exactamente, una bruma de intuiciones que apuntan hacia posibilidades todavía lejanas. La IA es un recurso que nos acerca de golpe a ese futuro. Quienes aprendan a usarla en su favor, podrán desarrollar aplicaciones más funcionales, mejor ajustadas a su propósito, que aporten soluciones más eficientes. Los resultados serán mejores índices de productividad en las empresas que ya existen o por qué no, posibilidades que hoy no existen en manos de empresas de nuevo cuño.

Hace ya más de treinta años que en todo el mundo comenzó una transformación espectacular. Las herramientas digitales, que entonces empezaron a figurar en la vida cotidiana, hoy la ocupan en todos sus aspectos, trabajo, convivencia y entretenimiento. A consecuencia, algunos oficios han desaparecido, otros se han transformado radicalmente y también han surgido otros nuevos. La IA no es una amenaza, a menos que nos resistamos a aceptar que es más bien una oportunidad de nuevas y espectaculares transformaciones.